PRESENTACIÓN

Apenas levantábamos unas cuartas del suelo, sentados en aquellos pequeños pupitres de la escuela infantil. En su mesa, como un desordenado mosaico a medio hacer, lápices de cera de todos los colores. Y es que con lo que él verdaderamente disfrutaba era pintando y dando color a su fantasiosa imaginación, porque sólo al plasmarla en el papel liberaba un trocito de los mundos que su cabecita albergaba. 
Los años pasaban y José no destacaba demasiado ni con los números ni con las letras, pero una sonrisa se dibujaba en su cara cuando llegaba la hora de la asignatura de Plástica y Visual. Si él no tenía juguetes, pues se los hacía con plastilina o con arcilla, si se puede crear se puede tener, no se necesita más. 
En el bachillerato tuvo que alejarse de todos nosotros, pues pocos centros disponen de la modalidad de arte. De arte lo hizo, el bachiller, y de arte le salió. Posteriormente perfeccionó su técnica en las Escuelas de Artes Superiores de Sevilla, donde se relacionó con un gran y heterogéneo grupo de personalidades muy variopintas, como suele ser habitual en los campos artísticos, lo que le hizo sentirse familiarmente bien y ayudó a conformar su personalidad. Allí confeccionó con gran soltura los trabajos de modelado, escultóricos y aplicaciones murales, dejando a muchos profesores impresionados con la rapidez y certeza con las que finalizaba las obras. 
Terminado los estudios, trabajó por un tiempo como monitor de manualidades en su pueblo natal. Los niños se lo pasaban en grande y volvían como rayos a sus casas al terminar para mostrar, orgullosos, sus pequeñas obras de arte a sus padres. 
Poco a poco fue siendo reconocido por sus capacidades pictóricas a medida que ganaba premios en los concursos anunciadores de festividades locales y algunos cuadros les fueron encargados. Pero no fue hasta el año 2016 cuando decidió focalizar y encauzar su necesidad de pintar realizando de manera profesional obras a pastel, especializándose en el retrato. 
Lo que sorprende de sus obras no es la calidad de las mismas, ni siquiera la consecución de las proporciones faciales; tampoco lo es la maestría con la que enciende el rostro con el juego de luces y sombras; ni siquiera la paleta de colores que descubre en cada rostro y que queda invisible a los ojos de los paganos de la pintura. Lo verdaderamente sorprendente es que consigue dar vida a sus cuadros. Como si en lugar de pigmentos usara una pócima vital que da vida propia a la figura. No hay donde esconderse, esa mirada te sigue allá donde te encuentres, te acompaña y te llena la estancia. 

Dicen que los seres queridos no se van del todo cuando se han ido. Quizás sólo necesitan volver a tener unos ojos con los que mirarnos y ser vistos.

 

Palabras de José G. M., un gran amigo y gran persona.